Breve explicación, proceso e inauguración del Retablo

 «En verdad la realidad de la Iglesia no se agota en su estructura jerárquica, en su liturgia, en sus sacramentos, ni en sus ordenanzas jurídicas. Su esencia íntima, la principal fuente de su eficacia santificadora, ha de buscarse en su mística unión con Cristo; unión que no podemos pensarla separada de Aquella, que es la Madre del Verbo Encarnado, y que Cristo mismo quiso tan íntimamente unida a si para nuestra salvación.

Así ha de encuadrarse en la visión de la Iglesia la contemplación amorosa de las maravillas que Dios ha obrado en su Santa Madre. Y el conocimiento de la doctrina verdadera católica sobre María será siempre la llave de la exacta comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia. La divina maternidad es el fundamento de su especial relación con Cristo y de su presencia en la economía de la salvación operada por Cristo, y también constituye el fundamento principal de las relaciones de María con la Iglesia, por ser Madre de Aquel que, desde el primer instante de la encarnación en su seno virginal, se constituyo en cabeza de su Cuerpo Místico, que es la Iglesia. María, pues, como MADRE DE CRISTO, ES TAMBIÉN, MADRE DE LA IGLESIA.

-María es la «raíz» del misterio de Cristo: pues es la Madre de Cristo. -María la «coronación del misterio de la Iglesia: es Madre de la Iglesia. Esta proclamación sobre la doble misión de María se ha transformado en gozosa veneración a Ella y en adoración hacia el sabio designio de Dios, que ha colocado en su Familia- la Iglesia- como en todo hogar doméstico, la figura de una Mujer, que calladamente y en espíritu de servicio, vela por ella y protege benignamente su camino hacia la patria, hasta que llegue el día glorioso del Señor.» (Texto de proclamación «María Madre de la Iglesia», Concilio Vaticano II)

Resumen de la obra:

– María y el Espíritu Santo junto con los apóstoles reúnen a la comunidad de los creyentes.

– La Iglesia nace en Pentecostés junto a María.

– María, por ser madre de Cristo, es madre de la Iglesia y madre nuestra. María es madre de la Iglesia y de cada uno de sus miembros por designio divino. Jesús, desde la cruz, nos dio a María como Madre: «Jesús, habiendo visto a su Madre, le dice: Mujer, he ahí a tu hijo! Luego dice al discípulo: He ahí a tu Madre!». Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. (Jn 19, 26-27)

– María es quien nos presenta a Cristo y quien nos lleva hacia Él. María Santísima es verdaderamente madre nuestra. Ella nos engendra continuamente a la vida sobrenatural. Ella como madre intercede continuamente por nosotros ante su Hijo. Ella siempre nos indica el camino a Cristo y nos concede las gracias necesarias para andar.

– Ella también es nuestro modelo a seguir. Ella en su humildad mira el Sagrario indicando a quién tenemos que mirar: a Cristo. «Fijos los ojos en Jesús»

– Ella lleva el Sagrario como llevó en su seno virginal a Jesús. Ella es el primer Sagrario, el Arca de la Nueva Alianza.

– Ella nos invita a ser como ella, a llevar en nosotros a Cristo «…mi Padre le amará y vendremos a él y haremos morada en él» «sois templos del Espíritu Santo…»

– Los apóstoles están en actitud orante y anunciando el Evangelio «nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra». Se encuentran en la parte central donde se sitúa el altar. Recordando la escena del cenáculo en la última cena, cuando el Señor instituyó la Eucaristía, por eso están en actitud orante, por el misterio que se presenta ante ellos. Y también se encuentran en el centro por ser el cimiento de la Iglesia. » Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» . Están adorando la Eucaristía y venerando a la Santísima Virgen María.

– La comunidad de los creyentes representada por los nuevos bautizados de todas las épocas se reúnen en torno a los apóstoles, la Santísima Virgen y la Eucaristía, guiados por el Espíritu Santo. Así, todos juntos formamos un sólo cuerpo, el de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo.

– Los niños, dentro de los nuevos bautizados, se encuentran al lado de la Virgen por ser sus preferidos, a los que cubre con su manto protector, y quienes por su inocencia y pureza están más cerca del Reino de Dios y por tanto de Jesús, el «manso y humilde de corazón» «Dejad que los niños se acerquen a mí» la Virgen este deseo de Jesús lo tiene muy presente en su corazón. » De los que son como ellos es el Reino de los cielos».

– Las personas sostienen una vela como símbolo del Bautismo y para indicarnos que «hay que estar en vela» como las «vírgenes prudentes» y ser «luz del mundo» que anuncie a Jesucristo en medio de los hombres y mujeres de hoy.